jueves, agosto 11, 2005

Hermanos, pero de padres distintos

Supongo que a todos los padres les debe pasar lo mismo, tienen hijos y quieren que se lleven bien. Lo intentan por todos los medios, procuran que no se lleven muchos años, les llevan al mismo colegio, les hacen jugar juntos, se preocupan e insistentes fuerzan una situación que, a veces, simplemente, no funciona.

Ayer fui a ver Sin City.

Y parece que quieren hacernos creer que esto no puede funcionar.

Dos hermanos con tantas similitudes como el cine y el comic, con tantas ganas de llevarse bien, de entenderse, de compartir... ¡y con padres tan incapaces!

El problema es, precisamente ese, la incapacidad e inoperancia de un director que ha sabido aprovechar como nadie la buena conciencia de los genios. Robert Rodriguez una vez más por qué es quien es, alguien que se ha tenido que dedicar a películas de tanta envergadura cultural como Spy Kids 3-D o El Mejicano.

Alguien, algún día, tuvo que explicarle a este señor que el cine no es sólo poner imágenes en una pared grande y blanca, que eso se parece más al graffitti, sino que es un medio para expresar algo. Un modo de contar historias. Un lenguaje en sí mismo. Como todo Arte.

Y alguien, algún otro día (para no saturarle), debió de contarle que esos comics que tan fervientemente devoraba utilizan un lenguaje parecido, pero no IGUAL!!!!!

Porque lo que no se puede pretender es trasladar, viñeta a viñeta, palabra a palabra, un comic o un libro a una pantalla. La cosa simplemente no funciona. Eso lo sabemos todos, bueno, casi todos.

¿Verdad Robert?

Sin City ha sido uno de los comics que más aire fresco ha aportado al noveno arte en los últimos años. La revitalización de un género, el negro, fuertemente hermanado con la cultura pulp. Espectacularidad visual con blanco y negro puros. Tramas simples pero impactantes. Buenos no tan buenos y malos aún peores. Todo lo que ya sabemos y tantas veces se ha dicho.

Sin City, siempre lo he pensado así, es carne de pantalla. Todo lo que se necesita está ahí dentro, se puede casi tocar. Con un poquito de trabajo, muy poquito, y un poco de habilidad cinematográfica tienes una película que servirá a las futuras generaciones para identificar el renacimiento del género negro.

No debe ser tan difícil hacerlo bien, ahí tenemos a Bogart y su Marlowe, a Russell Crowe y su LA Confidential, incluso a Brian Singer y sus X-Men. Es decir, se puede adaptar y se puede hacer BIEN.

¡Sorpresa Robert!

Lo que nos encontramos al ir a ver la película de Sin City es un conjunto de imágenes espectaculares, de un expresionismo brillante, viñetas vivas en lo que supongo es la aportación de Miller al film. Pero no nos encontramos algo tan imprescindible como una sólida estructura narrativa, un planteamiento secuencial de cine, no de comic. Los espectadores que vayan a ver esta película se encontrarán con el ingrato trabajo de tener que crear ellos la historia, de tener que rellenar los vacíos entre escena y escena, y al ritmo de la película, no al ritmo marcado por nuestra propia lectura.

Tendrán que dar vida a unos personajes que están atados a unos bocadillos que, curiosamente, ocupan más espacio que en el propio cómic. Rodriguez quiere explicarlo todo, sin dejarse nada, utilizando las propias (todas) frases de la novela gráfica a cambio lo que consigue es que no se entienda nada, que la historia o las historias queden empobrecidas por unas voces en off mal utilizadas, que eclipsan la presencia de unos actores condenados a no lucirse en un espectáculo de luz y sombra.

No deja de ser curiosa la manera de utilizar esas voces en off, voces que en teoría deberían acercarnos al personaje, compartir esa visión subjetiva, esos pensamientos. Entonces... ¿por qué utilizarla cuando el personaje está en un plano general a contraluz en un horizonte blanquecino? ¿Porque en cómic funciona? Claro, pero en cómic, como en literatura, nosotros hacemos el esfuerzo de introducirnos en el personajes, nos tomamos nuestro tiempo y lo dibujamos en nuestra imaginación. Es nuestro. En cine no. En cine no hay tiempo para eso, hay que seguir al personaje, sentir lo que él siente, pensar lo que él piensa. Y para eso existe la interpretación, la planificación de planos, de escenas, la música, la dirección de actores, etc.

Y por eso existen los comics y existe el cine.

Y existen términos como adaptación.

Y futiles esperanzas como V de Vendetta, ese otro hijo que se ha querido ir a jugar con su hermano mayor.

En fin, que visto lo visto, espero que nunca decidan rodar Watchmen.

martes, agosto 09, 2005

El cuenta cuentos malabarista

Hay una máxima rondando los mentideros sociales que viene a decir algo así como “Todo está inventado”. Vale, no es del todo exacto (algunos seguimos esperando con desesperada ansiedad un método eficaz para elimina la última gota no miccionada) pero probablemente estemos de acuerdo en que resulta difícil sorprendernos.

Que la creatividad está atravesando momentos de exigua genialidad.

La música pertenece a productoras que no ven más allá de unos bucles o un caderas.

La literatura explota fáciles mitomanías con escasos recursos literarios.

El cine fagocita películas antiguas o personajes de papel…

…mientras estos mismos personajes se aferran con desesperación a los rebaños culturales que mueve la pantalla grande.

La copia, la involución, la depredación de materiales conocidos es la fuente en la que parecen estar ahogadas las musas del nuevo milenio.

Sin embargo existe un Arte en el arte de la copia. Un modo de transformar lo fusilado en nuevas ideas, de rescatar en lugar de destruir, de homenajear y no denostar.

Y en los comics, como en todo Arte, hay un Maestro:

Neil Gaiman.

Bebedor insaciable de cultura, Gaiman recupera de su inabarcable librería siglos de literatura, mitología, religión, historia, etcétera para crear una ficción tan original como magnífica.

Todo desde la copia.

Embarcarse en la lectura de las obras de Gaiman es bucear en un océano de referencias, perderse en un mar de simbología que, con tiempo, redondean unas historias que en una primera lectura ya nos parecen geniales.

Su principal y más extensa creación, Sandman, recupera una figura de la cultura clásica americana que utilizaba unos polvos para mandarnos al mundo de los sueños (no creo a nadie le tenga que recordar el éxito de las Chordettes “Mr Sandman” en 1954) y lo transforma en uno de los personajes más ricos de la cultura narrativa de los años noventa.

Sandman es el miembro menor de una familia tan disfuncional como cualquier otra: Los Eternos. Anteriores a cualquier tipo de dios y los encargados de cerrar el universo y esconder la llave cuando toda esta gran broma termine, Los Eternos representan y definen los distintos aspectos bajo los que podemos enmarcar nuestra predecible existencia:
-Muerte
-Destino
-Desespero
-Destrucción
-Delirio (antes conocida como Dulzura)
-Deseo
-Sueño
[El trasfondo de cada uno de ellos es digno de un post aparte, pero podéis disfrutar de ellos en su más pura esencia en el prólogo de Vidas Breves... ¿o era e Estación de Nieblas?]

Esta familia conforma el universo Eterno por el que discurren las historias de Sandman (también Morfeo u Oneiros), historias que Gaiman resume en la frase “El Rey de los Sueños aprende que uno tiene que cambiar o morir y, entonces, toma un decisión” (no está mal para resumir cientos de páginas). En este universo veremos desfilar personajes tan variados como Caín y Abel o Mervin Cabeza de Calabaza, Oberón, Titania, Puk, dioses como Thor, Ishtar, Loki o Hécate, angeles, demonios e, incluso, el propio Lucifer. (Aunque mi favorito es Lucien, encargado de la Biblioteca del Sueño, formada por todos los libros nunca escritos).

Vemos aparecer a Morfeo por primera vez en 4 números de Universo DC, prisionero durante casi todo el siglo XX de un ambicioso mago inglés: Roderick Burguess. Formando parte, junto con las creaciones de Grant Morrison y Alan Moore de esa nueva generación de historias, más complejas y adultas que vendrían a revolucionar la mnera de apreciar los comics.

Gracias a esos cuatro números y a la visión y osadía su editora, Karen Berguer, Gaiman consiguió que su personaje obtuviese serie propia, que estuvo desarrollando 8 años (1988-1996), durante los cuales su talento y su capacidad de trabajo han mantenido la calidad de sus historias en unos límites inconcebibles para una obra de tan larga duración.

PRELUDIOS NOCTURNOS: Los primeros ocho volúmenes de la serie. Aquí nos encontramos con la captura y la liberación del Rey de los Sueños (capturado por error, ya que se quería capturar a su hermana mayor Muerte… evidentemente para conseguir la vida eterna). Se nos presenta el mundo de Morfeo y hay apariciones estelares del Universo DC como John Constantine. Impresionante la historia “24 horas” que tiene lugar en el clásico Dinner Norteamericano. Verdaderamente perturbador.

LA CASA DE MUÑECAS: Aparición de un personaje que será clave a lo largo de la saga, Rose Walker, atrapada en un vórtice del Sueño, con el riesgo de hacer que Éste se colapse (con un clarísimo homenaje al Nemo de “Nemo in Slumberland”, clásico entre los clásicos).

PAIS DE SUEÑOS:
Amalgama de historias con el Sueño como hilo conductor. Destaca la “revisitación” de “Sueño de una noche de verano” (de Shakespeare para los más despistados) como uno de los muchos malabarismos sociales de Morfeo. Es el primer comic en ganar el “World Fantasy Award”, premio destinado a la literatura fantástica y de terror, lo que le granjeó el odio de muchos pseudoliteratos obtusos corroídos por la más insana envidia y el reconocimiento de todos los demás. Buenísima también la historia de la convención de asesinos en serie.

ESTACIÓN DE NIEBLAS: Desde mi no tan humilde opinión el mejor hilo argumental de la saga. Lucifer, hastiado de la monotonía y la responsabilidad de su cargo, decide abandonar el Infierno y dejarle las llaves a Sandman (todo motivado por el rencor de una apuesta perdida hace algún tiempo). Movidos por diferentes intereses toda clase de personajes empiezan a visitar el mundo del Sueño pidiendo audiencia a Morfeo con la intención de conseguir la llave: Loki, Thor, Oberón, ángeles, el demonio del Caos, etc. Todos con una contraoferta para un sobresaturado Sandman.

Es el principio del fin del Sueño.

Salió hace unos meses un pequeño tomo, dibujado al estilo manga, en el que, paralela a esta historia sucede otra bastante divertida: Muerte, hermana de Sueño, ve cómo, al cerrarse el Infierno, multitud de almas se sienten perdidas y no tienen a dónde ir, por lo que decide dar una fiesta, junto con su hermana Delirio, en la que mantener entretenidas a todas estas pobre almas. (“A las puertas de la Muerte”, Jill Thompson, Ed. Norma)

UN JUEGO DE TI:
Es el arco menos ligado a la historia general de todos. Barbie, una neoyorquina divorciada viaja al Sueño en busca de su identidad, de la imaginación y de la infancia. Importantes esos números ya que se nos presenta por primera vez a Tesalia, una bruja milenaria, con bastante relevancia en números posteriores.

FÁBULAS Y REFLEJOS: Más historias cortas centradas en el reino del Sueño. Unas mejores y otras peores, pero en conjunto todas imprescindibles.

VIDAS BREVES:
En Vidas Breves, considerado el mejor argumento de la serie, Delirio convence a Sandman para emprender la búsqueda de su hermano perdido Destrucción (evidentemente el responsable del Cambio y, como tal, responsable de cambio de Delicia en Delirio) en una suerte de road movie en la que los hermanos se enfrentan y en la que Sandman sigue el camino que le traza su obstinación, mata a su hijo Orfeo, como petición del propio Orfeo al no tener amor ni cuerpo (vale, la cabeza no cuenta), derramando sangre de la familia…

… las decisiones siguen definiendo el destino, ya escrito, de Sandman.

EL FIN DE LOS MUNDOS: Si normalmente hay homenajes y referencias en los comics de Gaiman, en esta saga “El Fin de los Mundos” se lleva la palma. Desde la Posada del Fin del Mundo (y aquí no puedo evitar sonreír pensando en ese “Restaurante del Fin del Mundo” de Douglas Adams) nos encontramos con hombres contando cuentos de hombres que cuentan cuentos. Es el homenaje particular de Gaiman a “Los Cuentos de Canterbury”. En cada una de las historias hay algo encerrado, un secreto del mundo de los Eternos, incluso el aviso de lo que está por venir, desde el sitio en el que ya no queda nada por ver.

LAS BENÉVOLAS: La cosa llega al final y el círculo está por completarse, todos los personajes que hemos estado viendo en los 56 números anteriores se dan cita en este arco argumental. Una gran tragedia griega o una ópera decadente. Lyta Hall acusa a Sandman de matar a su (de ella y de Sandman) hijo desaparecido Daniel y Las Benévolas se encargarán de llevar a cabo el castigo (lo hacen con todos aquellos que derraman sangre de su sangre). Sin embargo Daniel no está muerto, lo secuestró Loki, con lo que realmente Morfeo no derramó la sangre de Daniel pero… ¡al que si mató fue a Orfeo!

Y bueno, el resto u os lo imagináis o leéis el comic, que para eso estamos aquí.

EL VELATORIO:
Todos los personajes de la saga acuden al velatorio de uno de los Eternos muertos (vale, vale, no hace falta mucha imaginación para saber de quién hablamos). Un emotivo final para una obra maestra.

Aquí termina The Sandman, la serie, aunque se complete con un par de números fuera de colección: “Cazadores de Sueños” y “El Libro de los Sueños”, relatos sobre el mundo del Sueño.

Pero claro, no sólo del Sueño vive el hombre y Gaiman ha dejado muchas más perlas para rellenar nuestra comicteca:

- Colaboraciones con su inconmensurable portadista (Dave McKean): “Casos Violentos”: infancia, recuerdos, mafia y violencia; “El día que cambié a mi padre por dos peces de colores” y “Mr. Punch”: dos originales cuentos infantiles con un toque de ingenua perversidad.

- Con George Vess a los lápices: “Stardust”, relato de hadas al más puro estilo tradicional.

- Con P. Craig Russel: “Misterios de un asesinato”, investigación en el Cielo del asesinato de un ángel.

- Y los impagables números de Muerte con Chris Baccalo: “Muerte: el alto coste de la vida” y “Muerte: lo mejor de tu vida”.

Hay más, claro. Más historias cortas, más relatos, más novelas, guiones de cine y de series, proyectos, etcétera.

Pero ya estoy hastiado (como vosotros, sin duda alguna) y quiero terminar recomendando la última de las delicias de Gaiman, un vuelta de tuerca al universo Marvel, una nueva manera de contar las cosas que ya sabemos, una mezcla magistral de relato clásico e historia de superhéroes: 1602. A los que os guste el más cuidado preciosismo visual con una historia repleta de guiños superheroicos que arranquen inocentes sonrisas no dejéis de leerlo.

Me lo agradeceréis.

Felices Sueños.

lunes, mayo 16, 2005

¿A quien quieres más, a tu padre o a tu madre?

Nosotros, grandilocuentes especimenes del mundo de la subcultura, con enormes argumentos en los que sustentar nuestros vicios y virtudes hemos sido bendecidos con la capacidad del raciocinio y con ella hemos sido apresados en la egolatría de la elección.

Me explico.

Estar de acuerdo con tus amigos, compañeros y/o amantes es un coñazo. Necesitamos el enfrentamiento y la victoria para ver como nuestra persona gana respeto y reconocimiento (aforismo). Florencia vs Venecia, Barcelona vs Madrid, Cacique vs Pampero, operadas vs naturales...

... Spiderman vs Superman, Daredevil vs Batman...

... grandes incógnitas que arrastramos desde la más tierna infancia. Sin embargo, como ya dije en mi primer post, mi entrada en el mundo de la macroproducción estadounidense fue tardía. Crecí pensando que DC y Marvel eran cosas de niños, que yo, amparado en la sobredimensión cultural de Europa y las maravillas estéticas de Corben, Altuna o Eisner estaba un escalón evolutivo por encima del resto de los mortales. Abría una de las terribles ediciones de Zinco y me echaba a reír acariciando los ¿cuidados? encuadernados de Toutain.

Hasta que un día lo conocí.

Casi seguro que todos tenéis uno así en vuestras vidas. El talón de Aquiles, nuestra Némesis, el oscuro espejo en el que nos vemos reflejados, la verdadera media naranja, nuestro AMIGO. Y, claro, arrastrado por horas de insustanciales conversaciones, de compartir risas y maldades, decides acercarte un poco más a eso que lleva tanto tiempo vendiéndote. Eso que más tarde te hará abrir la mente y el bolsillo al gigante consumista americano.

Y "eso" llegó en forma de pregunta: ¿Tú de qué eres, de Watchmen o de Sandman?


Antes no los conocía y no supe responder, hoy sí que los conozco y, aunque tengo claras mis preferencias, lo digo con la boca chica.

Ambas series (y más que ellas sus autores) suponen un punto de inflexión en la manera de entender los comics del público norteamericano. Estaban estancados en ideas prefabricadas y superhéroes enclichetados incapaces de evolucionar (algo que no consiguieron hasta que Miller puso su gran talento al servicio de Batman y Daredevil) cuando un tío -Alan Moore-, nacido en la pérfida Albión introduce un personajillo en los números que estaba escribiendo para La Cosa del Pantano.

Ese personajillo era John Constantine.

La caja de Pandora se había abierto.

Europa había conquistado Norteamérica.

Desde ese momento EEUU (concretamente DC) adoptó a dos de los mejores guionistas que ha dado el mundo del cómic: el propio Moore y Neil Gaiman, que con sus dos principales obras revolucionaron el modo de entender las "historietas".

En Watchmen, Alan Moore nos cuenta el ocaso de un grupo de exsuperhéroes, repudiados por la ciudadanía, tachados de dictadores y fascistas en un presente (ahora pasado) alternativo con un Nueva York ochentero y un Washington con Nixon todavía en la Casa Blanca (y todo lo que eso implica). Un grupo de perdedores solitarios, abandonados al alcohol que ven como sus antiguos amigos y enemigos van cayendo, víctimas de una serie de muertes violentas. Cada uno de los protagonistas aprovecha la circunstancia para justificar una necesaria vuelta al pasado, para lavar viejas consciencias y arroparse con sus trapos sucios. Herederos de una humanidad sin límites nos encontramos personajes que arrastran la mácula de una violación, que son insulsamente patéticos, insoportablemente ególatras o preocupantemente perturbados:


El comediante: como en la mitología clásica este personaje cínico y amoral es el único capaz de entender la enorme complejidad que supone la vida. Esta comprensión, le aleja de sus compañeros, que lo tratan de demente. Su muerte es el desencadenate de la historia de Watchmen.

Rorscharch: oculto tras una máscara con un test del mismo nombre este personaje, del que no voy a destripar nada, es el antihéroe de la historia, resentido y desagradable, solitario, insignificante y ultraderechista.

Dr Manhattan: aunque de gran importancia en la historia y con un gran trasfondo como personaje es un personaje difícil de asimilar en un primer momento. Hasta su aparición la obra gira en una trama realista (a pesar de su planteamiento) con personajes de carne y hueso, héroes que sólo tienen intenciones, dinero o contactos, pero no superpoderes. La presencia del Dr. Manhattan abre el punto de vista, llevando sus intervenciones o su falta de ellas a un nivel socio-político casi divino.

Adrian Veidt: la soberbia de la perfección. La imagen que tienen los EEUU de sí mismos o, al menos, la que quieren vender. Insoportable.

Dan Dreiberg: un patético reflejo de Batman venido a menos, el Búho Nocturno ha envejecido sin suerte, depresivo, solitario y barrigón es, sin embargo, la imagen más clásica que podamos tener del superhéroe... tal vez así nos va. Un perdedor nato.

Laurel Juspezcyk: cuerpo sexy enfundando en ropas apretadas. Tanto ella como su madre, otra heroína acabada, viven con el tormento de tener que llevar a cuestas secretos y mentiras en una vida demasiado pública.


Una cuidadosa planificación de página y una narración matemática producto de la factoría Moore nos conducen sorpresa tras sorpresa hasta un final que sólo los que no crean en la irredimible estupidez de la sociedad encontrarán feliz.

La lectura de las viñetas de Watchmen se completa con epílogos que refuerza la historia y que son, si cabe, más importantes que el propio cómic. Nos encontramos así con retazos de autobiografías de personajes, reportajes de periódicos, etc.

Es una de las obras más complejas y completas que se hayan escrito (en cómic, claro) y cada nueva lectura descubre nuevas muñecas rusas. Por lo tanto, y como no podía ser menos, es una lectura obligada, antes de que el séptimo arte la convierta en carne de factoría.

Y, sin embargo, yo soy de Sandman...

... del que hablaremos la semana que viene ;-)

viernes, abril 29, 2005

Un inútil sin carisma

Es muy difícil centrar la atención en cualquier autor después de haber hablado de Pratt. Son muy pocos los que llegan a estar a su altura. Milton Caniff, si nos remontamos a los orígenes y a una de sus claras influencias o Will Eisner, si nos centramos en el maestro de la narrativa actual.

Estamos hablando de los grandes entre los grandes. Creadores de héroes, voluntarios o inconscientes, que conquistan el corazón de todas las mujeres con las que se cruzan y que luchan, cada uno a su manera, para hacer del mundo un mundo mejor.

Son héroes con encanto.

Modelos de conducta.

Ídolos de las juventudes de ayer y senectudes de mañana.

Son todo lo contrarío de lo que siempre fue nuestro invitado especial de hoy: John Difool.



Difool, ácrata esceptico y narcisista por convicción, es el protagonista de El Incal, una de las obras (con mayúscula) más relevantes de la época dorada del comic de ciencia ficción: finales de los 70 y primera mitad de los 80, donde publicaciones como Cimoc y Metal Hurlant (anteriormente conocida como Heavy Metal), llenaban nuestras estanterías.

La saga de El Incal (que sólo en Francia ha vendido más de un millón ejemplares) supone la primera colaboración de Moebius y Jodorowsky, dos autores tan metidos en el mundo de la metafísica y el LSD que a veces resulta complicado seguir sus pensamientos ;-)



De Alejandro Jodorowsky podríamos destacar su habilidad para introducirnos en culturas místicas, filosofías ultraterrenas y curiosidades ocultas. Últimamente le hemos podido ver bastante en televisión (mal acompañado por un siempre cargante Sanchez Dragó) hablando de
su hiperactividad cultural, desde un tratado sobre el origen del Tarot de Marsella (del que es principal motor de su resurgimiento), obas de teatro, conferencias con títulos nada desdeñables (El cabaret místico: De la placenta de mamá a mi lugar; El ser esencial, el universo;...), escritos tan sugerentes como "Psicomagia", "El Pato Donald y el budismo zen", hasta sus incursiones en el cine (donde sigue incomodándole "El 5º Elemento", película que, según él, le robó el mismo Besson).

Con semejantes inquietudes artísticas no es de extrañar que Alejandro también quisiese explotar el medio de las viñetas y, gracias a esas inquietudes, podemos disfrutar de obras tan interesantes como entrenidas: La Casta de los Metabarones (con un Juan Jimenez siempre en estado de gracia), El Lama Blanco (dibujo de Georges Bess) o Cara de Luna (con Boucq) por mencionar sólo algunos.

En cuanto a Jean Giraud, alias Moebius qué podría decir sin dejar ver mi más incondicional idolatría hacia este autor, tan prolífico como versátil. Un auténtico diablo con los pinceles, un explorador de las posibilidades narrativas, un creativo visionario, un excéntrico soñador... -sic- Nunca le perdonaré el no haberme esperado en mi primer Saló Internacional del Comic de Barcelona.

Su nombre, Jean Giraud, apenas lo podemos ver a no ser que sea en su obra más realista y detallada, el western Blueberry (por favor, POR FAVOR, leéros TODOS los números y que nadie, NADIE, vea la película). Durante la vida de Blueberry podemos comprobar la evolución a los lápices de Giraud, desde unas inocentes viñetas, con un trazo sencillo y con claras influencias de la escuela clásica va complicando y detallando trazo y composición, perfeccionando su habilidad para dibujar hasta que finalmente y con una habilidad sorprendente realiza obras maestras de la narrativa, economizando el detalle sin dejar escapar ningún fragmento de la reconstrucción histórica que envuelve a cada una de las viñetas. La evolución de sus habilidades con el color también se ve claramente en esta obra, pudiendo comprobar como pasa de un simple elemento de relleno a un protagonista más de la narración.

La historia, de Charlier, se mantiene siempre en las más altas cotas de la perfección.



El alias Moebius, adoptado en plena vorágine alucinógena y creativa de los 70, lo empezó a usar para identificarse con sus creaciones menos realistas y, precismante por eso, más interesantes. Imprescindible la evolución, de contenido y forma, de El Garaje Hermético y Mayor Fatal, donde una tira cómica tira diaria sobre una absurda búsqueda en un futuro imperfecto termina convirtiéndose en un profundo comic sobre la superación personal.

Arzach, Edena, El Corazón Coronado, libros de ilustraciones como Venecia Celeste, Starwatcher o su participación en la dirección de arte de películas de la talla de Alien, Tron, Dune, Willow o El 5º Elemento son algunas de sus impagables aportaciones a nuestra percepción artística. Como impagable son también sus (excasas) incursiones en los universos yanquis, tanto como ilustrador (Muerte, Daredevil, etc) como dibujante de comic (Silver Surfer: Parábola, con Stan Lee al guión).



En cuanto a la obra que nos ocupa (¿cual era?)... Después de lo dicho sólo queda imaginarse qué podría suceder si los talentos de Jodorwsky y Moebius se juntan. Imaginarse que sucedería en un futuro diseñado por la imaginación de Moebius, con una lucha de poderes perpetrada por la mente de Jodorowsky, en la que la superación personal y la conjunción de todo el universo es la clave para alcanzar el equilibrio, donde la mitología y la simbología se mezclan con la imaginación y la aventura se combina con un trasfondo futurista ingualable. Ahora imaginemos todo esto amenzado por un terrible mal, una combinación de egoísmo y tecnocracia, algo que terminará por acabar con nuestra identidad. Y pongamos al amigo Difool como salvador de todas las razas, mientras su principal objetivo es conseguir un poco de "amor" y que no le arranquen la cabeza... lo normal, vamos.

Difool comienza como un detective privado cayendo por un abismo de rescacielos, desde el clásico puente de suicidas, haciendo memoria sobre el cómo ha llegado allí. Un planteamineto de historia negra clásico que degenera en una marxiana (relativa a los hermanos Marx) persecución futurista y una tan insospechada como indeseada carga, ser el portador del Incal. Esta responsabilidad llavará a nuestro antihéroe y a sus interesados compañeros a lo largo de diversos escenarios en el que cabe destacar la carrera por fecundar a la matriarca del planeta Berg que, casualmente, terminará por convertirse en el planeta Difool (supongo qu os podréis imaginar por qué), último y recóndito recodo del universo en el que sus habitantes son incapaces de conseguir sintonizar con el resto de los seres vivos, un tomo completamente delirante.



La saga del Incal la componen seis tomos que nos plantean las diferentes posturas de este universo, nuevamente un símbolo de la pasión por la filosofía oriental de Jodorowsky en los que disfrutaremos de personajes como el pájaro Deepo, el último Metabarón, la emperoratriz, etc:

-El Incal Negro
-El Incal Luz
-Lo que está abajo
-Lo que está arriba
-La quinta esencia (¿el quinto elemento?)
-Planeta Difool

Es un imperativo cultural que los disfrutéis.

viernes, abril 22, 2005

Bocetos inquietos

Día tras día, atrapado por una existencia preprogramada, el ser humano común (yo) cuenta las horas que lo separan de extenuantes huidas de su entorno cotidiano. Planea y organiza escapadas a parajes más o menos exóticos, con agendas más o menos previsibles y la esperanza de vivir una experiencia casi reveladora, una epifanía transcultural.

Quiere viajar.

Conocer mundos.

Embeber culturas.

Y por muy tópica que pueda resultar la salida siempre encuentra algo que hacer suyo, algo que recordar y compartir, algo que le hace crecer por dentro y con lo que volver a perderse en esas horas robadas a la monotonía.

Para los artistas es casi una necesidad, una fuente inagotable de inspiración donde los pinceles, lápices, libretas e, incluso, las cámaras de fotos no son sólo herramientas de trabajo sino los mejores compañeros y confidentes.

Dejándose llevar por una intensidad emocional con la que rara vez disfrutamos de los viajes por las culturas y los parajes que les enamoran los artistas nos ofrecen con su obra sueños y miradas que ansiamos compartir, sensaciones que deseamos experimentar, colores en los que nos queremos bañar y olores que acariciar. Desde los cálidos trópicos de Miller hasta el frío retrato del mundo de Yvess Bertrand, desde las crónicas pictóricas de Humbold hasta los paraísos curvilíneos de Gauguin...

En el mundo de la historieta hay un nombre que eclipsa a cualquier otro. Un auténtico mito. Hugo Pratt.


A través de su obra principal, Corto Maltés, nos llega una de las mejores series de aventuras que nunca se haya escrito. Multitud de personajes, historias paralelas, ciudades, paises y sucesos históricos que marcarán la vida de un marinero británico cínico e irresistible, un joven que decidió marcar su destino en la palma de su mano a filo de cuchilla. Todo esto envuelto en el rumor de un mar que escapa a su papel de marco incomparable para convertirse en un personaje más.




Es posible que si sois neófitos en estas lides del arte narrativo la obra de Hugo Pratt no os llame la atención con un primer vistazo, que la sencillez de su trazo, la antinatural agilidad de sus movimientos, la sobriedad de su blanco y negro y la simpleza de su color junto con unos textos en ocasiones demasiado extensos os pueda parecer poco en estos tiempos de virtuosismo infográfico y economía narrativa. Sin embargo una vez os adentréis en cualquiera de sus historias os sentiréis arrastrados por su endiablada habilidad para introducirnos en unas viñetas en las que prácticamente se puede escuchar respirar. Ahora, no hay que dejarse engañar, Pratt es un maestro de la narración... pero también lo es de la ilustración, en la nueva edición de las aventuras de Corto Maltés editada por Norma los más exigentes encontraréis un material que ya de por sí vale más de lo que cuesta, las diferentes anotaciones y bocetos que Pratt realizaba para documentarse en sus historias. Nos encontramos detalles sobre las distintas tribus indígenas de América del Sur, cultura, trajes, pinturas, ... Geografía e historia sobre el lugar en el que tiene lugar la narración. ritos, costumbres y un largo etcétera que sirve como prólogo y trasfondo de unas historias que nos irán acompañando, capítulo a capítulo por un periplo a lo largo y ancho de todo el mundo.

Buen viaje.

martes, abril 19, 2005

Una historia en cada espejo

Es un día normal, pongamos que de Abril.

Nos levantamos tras siete horas de sueños irrelevantes.

Recuperamos el mundo con indeseables punzadas de agua fría.

Nos reconocemos en una mirada ojerosa.

Y nuestro subconsciente nos grita que ese día tampoco tendrá nada de especial.

Un artista descontento llora la falta de originalidad en nuestras vidas, la carencia de experiencias diferenciadoras, de un evento que defina una historia, de algo que contar.

Sin embargo no es así, nuestras vidas son interesantes e intensas... sin caer en la pornografía de reality shows claustrofóbicamente televisivos.

Resulta realmente refrescante leer sobre el día a día de tipos como nosotros, en apariencia normales pero con sus inquietudes, sueños y problemas de una manera completamente desdramatizada y rehuyendo los tópicos cómicos que podrían rellenar páginas completas de El Jueves.

Una vida relatada con simpatía.

Nuestra vida dibujada con simpatía.

Es este campo donde nos encontramos dos de las series más interesantes y sorprendentes del comic europeo: Lapinot y El Señor Jean, de Lewis Trohdheim el primero y Dupuy y Barberain el segundo.

En ambos casos nos encontramos con el progonista (Lapinot o Jean) y su círculo de amigos disfrtando de los quebraderos de cabeza propios de una temprana mediana edad: cómo encontrar la felicidad con el trabajo, cómo ligar con esa chica tan simpática, comprometerse o huir, sobrevivir a los amigos a la familia a pisos con vistas a otros pisos, etcétera.

En el caso del Lapinot de Trohdheim, y al igual que en las demás obras de este autor, Mis Circunstancias o La Mazmorra (que es su obra más conocida y a la que dedicaremos un monográfico el día menos pensado), los personajes están retrados como animales, dotando de una personalidad encorchetada a cada uno de ellos, este recurso, lejos de entorpecer o infantilizar la lectura le imprime cierto dinamismo y accesibilidad (otras obras en las que esto sucede, y de manera magistral, serían Maus de Art Spiegelman, Usagi Yojimo de Stan Sakai o Blacksad de Canales y Guanido).




Lapinot mezcla la vida cotidiana con sucesos extraordinarios, nos encontramos así desde una semana en la nieve con los amigos (y alguna que otra extranjera despistada) hasta una aventura Lovecraftiana en plenas calles de Paris, eso sí, manteniendo la línea evolutiva de los personajes a pesar de los saltos temporales que simplemente sirven para reforzar y dar originalidad a una trama de por sí irresistible.

En cuanto a El Señor Jean nos encontramos con una aproximación más realista a lo que es lo ordinario de nuestra vida. Con un protagonista más próximo a los 35 que a los 25 las encrucijadas a las que nos enfrentamos son ligeramente más adultas, la madurez contra una estancia demasiado prolongada en Nunca Jamás, la búsqueda del sentido de una vida que no ha resultado ser lo que pensábamos, la huida de un bloqueo creativo como recurso para conseguir una evolución personal, tan necesaria como indeseada. Todo con dibujo sin artificios, limpio y sencillo pero eficazmente descriptivo. El humor, la ironía y la más sana de las desesperaciones llenan las páginas de los, hasta el momento, cuatro tomos que podemos disfrutar de esta obra en España.


Unos comics, en definitiva, para compartir con los amigos o la familia, para comentar y para apadrinar, identificando y ridiculizando cada una de nuestras decisiones.

Un comic para levantarse cada mañana y sonreir al tío ese del espejo...

... que en el fondo es un tío simpático.

jueves, abril 14, 2005

Mononeurona hiperactiva

Está claro, las videoconsolas y los comics son para adolescentes. No sólo eso. Para adolescentes aislados, probablemente vírgenes con un lacerante culto a Onán, que creen que juerga es una secta suicida del sur de Arkansas.

O bien para pervertidos que acarician curvas de tinta y papel pensando que a su cotidianeidad le faltan tacones de aguja, látigos de siete fustas, mucho más cuero y y mujeres viciosas deseosas de recibir una perversa lección de fetichismo.

Mmmmmmmmmm, bueno, aunque haya gran parte de verdad en todo esto ;-) el noveno arte es aún un elemento propio de la subcultura, un arte menor con mucho que decir.

Se identifica a las publicaciones de comics con el mundo de los superhéroes, las aventuras de Mortadelo y Filemón, los periplos de Tintín o las peleas de Astérix y Obelix. Y ahí acaba todo. No hay más que ver. Es lectura para el baño. El descanso de las mentes limitadas.

En definitiva, los comics son un vacuo entretenimiento.

Sin más.

Mucho mejor, más reconfortante, edificante y educativas son las horas empleadas en sus hermanos mayores, la literatura, la pintura o el cine. Aunque leas a Corin Tellado, vayas a Arco o veas la última de Alec Baldwin.

Para todos esos engreídos de mentes oblícuas que son incapaces de aveturarse en un mundo repleto de posibilidades, para todos aquellos que consideran que no existe material en los comics que puedan abrir el corazón y espolear la mente de su pareja para todos aquellos, en definitiva, cuya concepción del noveno arte sean las tiras cómicas del 20 minutos y que probablemente nunca me lean -sic- aquí van unas pocas recomendaciones:

- Trazo de tiza: Una isla situada en mitad de ninguna parte, donde el tiempo sigue sus propias normas y de donde terminas marchándote antes de llegar. Un amor predestinado y nunca consumido. Un crimen. Y muchas discusiones y relecturas para saber si realmente has comprendido lo que te está contando Michelanxo Prado.


- Maus: Un hijo, dibujante de comics persigue una historia sobre la 2ª Guerra Mundial en la experiencia de un padre al que no comprende. Con una endiablda habilidad para dotar de personalidad a unos protagonistas estereotiados en figuras de animales Art Spiegelman nos trasporta al holocausto judío contándonos una historia que conocemos de sobra y que, sin embargo, nos arrancará más de una lágrima. Si esto no os convece tal vez el saber que esta obra ha ganado un premio Pulitzer sí lo haga.


- Cages: Para leer con jazz urbano de fondo. Poca luz y mejor si es de neón. 800 páginas de sucia cotidianeidad, gente como tú atrapada en sueños que no se cumplen, tristeza, dejadez y atmósferas que asfixian. El mejor portadista de toda la historia, Dave McKean, saca sus demonios a pasear.



- Sambre: Sólo cuando tu alma ha quedado atrapada en unos ojos que sabes que nunca te pertenecerán podrás disfrutar de esta historia de amor y traición durante la Revolución Francesa en toda su magnitud.


- Novia por correo: La editorial Ponent Mon sigue sorprendiéndonos con historias cercanas que te dejan sin aliento. Pensando que hay algo que no funciona en nuestras vidas. Que nos estamos perdiendo algo o que estamos haciendo cosas mal. En esta ocasión un auténtico friki, dueño de una tienda de comics y figuritas, encarga un novia oriental por correo, con la esperanza de que cumpla todos los tópicos que lleva años conociendo. A saber, docilidad, veneración al hombre, voracidad sexual, tradicionalismo oriental. Pero la libertad se ata a los sueños y la realidad nunca es como te la esperas. Una obra impresionante.



Unas lecturas que sin duda alguna os abrirán las puertas de muchas mentes y, por descontado, de muchas más piernas, que son más fáciles y menos exigentes.

Saboread el sudor de su felicidad.