martes, abril 19, 2005

Una historia en cada espejo

Es un día normal, pongamos que de Abril.

Nos levantamos tras siete horas de sueños irrelevantes.

Recuperamos el mundo con indeseables punzadas de agua fría.

Nos reconocemos en una mirada ojerosa.

Y nuestro subconsciente nos grita que ese día tampoco tendrá nada de especial.

Un artista descontento llora la falta de originalidad en nuestras vidas, la carencia de experiencias diferenciadoras, de un evento que defina una historia, de algo que contar.

Sin embargo no es así, nuestras vidas son interesantes e intensas... sin caer en la pornografía de reality shows claustrofóbicamente televisivos.

Resulta realmente refrescante leer sobre el día a día de tipos como nosotros, en apariencia normales pero con sus inquietudes, sueños y problemas de una manera completamente desdramatizada y rehuyendo los tópicos cómicos que podrían rellenar páginas completas de El Jueves.

Una vida relatada con simpatía.

Nuestra vida dibujada con simpatía.

Es este campo donde nos encontramos dos de las series más interesantes y sorprendentes del comic europeo: Lapinot y El Señor Jean, de Lewis Trohdheim el primero y Dupuy y Barberain el segundo.

En ambos casos nos encontramos con el progonista (Lapinot o Jean) y su círculo de amigos disfrtando de los quebraderos de cabeza propios de una temprana mediana edad: cómo encontrar la felicidad con el trabajo, cómo ligar con esa chica tan simpática, comprometerse o huir, sobrevivir a los amigos a la familia a pisos con vistas a otros pisos, etcétera.

En el caso del Lapinot de Trohdheim, y al igual que en las demás obras de este autor, Mis Circunstancias o La Mazmorra (que es su obra más conocida y a la que dedicaremos un monográfico el día menos pensado), los personajes están retrados como animales, dotando de una personalidad encorchetada a cada uno de ellos, este recurso, lejos de entorpecer o infantilizar la lectura le imprime cierto dinamismo y accesibilidad (otras obras en las que esto sucede, y de manera magistral, serían Maus de Art Spiegelman, Usagi Yojimo de Stan Sakai o Blacksad de Canales y Guanido).




Lapinot mezcla la vida cotidiana con sucesos extraordinarios, nos encontramos así desde una semana en la nieve con los amigos (y alguna que otra extranjera despistada) hasta una aventura Lovecraftiana en plenas calles de Paris, eso sí, manteniendo la línea evolutiva de los personajes a pesar de los saltos temporales que simplemente sirven para reforzar y dar originalidad a una trama de por sí irresistible.

En cuanto a El Señor Jean nos encontramos con una aproximación más realista a lo que es lo ordinario de nuestra vida. Con un protagonista más próximo a los 35 que a los 25 las encrucijadas a las que nos enfrentamos son ligeramente más adultas, la madurez contra una estancia demasiado prolongada en Nunca Jamás, la búsqueda del sentido de una vida que no ha resultado ser lo que pensábamos, la huida de un bloqueo creativo como recurso para conseguir una evolución personal, tan necesaria como indeseada. Todo con dibujo sin artificios, limpio y sencillo pero eficazmente descriptivo. El humor, la ironía y la más sana de las desesperaciones llenan las páginas de los, hasta el momento, cuatro tomos que podemos disfrutar de esta obra en España.


Unos comics, en definitiva, para compartir con los amigos o la familia, para comentar y para apadrinar, identificando y ridiculizando cada una de nuestras decisiones.

Un comic para levantarse cada mañana y sonreir al tío ese del espejo...

... que en el fondo es un tío simpático.

1 Comments:

  • Ese Per & Kles. Sigue escribiendo (de cómics o de lo que quieras), que aunque no tengo mucho que opinar de esta temática - ya me conoces -, sí que disfruto leyendo tus posteos. Muy buenos, sí señor.

    By Blogger Richar, at 09:39  

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